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Una pequeñita rana sobre un nenúfar

Une toute petite grenouille

A orillas del charco, une pequeñita rana verde miraba cinco magníficos nenúfares (lotos), allá a lo lejos.
« ¡Qué bellas flores! ¡Qué bellas flores! Seria tan bueno poder descansar sobre una de ellas » suspiro la pequeñita rana. ¿Pero como alcanzar esos nenúfares siendo tan pequeña?
« Solo queda volar », le dijo una golondrina que pasaba por allí.
« ¿Volar? ¡Pero como quieres que haga, yo no tengo alas! » Exclamo la pequeñita rana.
« ¡Bah! entonces yo no puedo hacer nada por ti » y el pájaro se fue.
La minúscula rana la vio alejarse y suspiro:
« Como me gustaría ir sobre esos nenúfares ».
« Nada » le dijo una carpa tragando un mosquito.
« ¿Nadar? ¡Pero están demasiado lejos, me voy a ahogar! » Exclamo la pequeñita rana.
« ¡Bah! entonces yo no puedo hacer nada por ti » y la carpa siguió su camino.
La minúscula rana la vio alejarse y suspiro:
“Como me gustaría ir sobre esos nenúfares”.
« ¡Solo te queda saltar, pues eres una rana! le dijo un sapo viscoso que saboreaba el ocio sobre una roca.
« ¿Saltar? ¡Pero yo soy muy pequeña, jamás podré alcanzarlos! » Exclamo la pequeñita rana.
« ¡Bah! entonces yo no puedo hacer nada por ti » y el sapo cerro de nuevo sus ojos globulosos.
La minúscula rana suspiro:
« No vale la pena, jamás los alcanzaré.”
« Sube sobre mi espalda, yo te llevaré, los nenúfares están en mi camino.” Le dijo una tortuga que pasaba por allí.
Radiante, la pequeñita rana salto sin esperar sobre el caparazón de la tortuga.
« ¡Hasta la vista! » lanzo la tortuga depositando, unos minutos mas tarde, la pequeña rana sobre el primer nenúfar.
Loca de alegría, la pequeña rana paso parte del día saltando de un nenúfar al otro : el primero era muy grande, el segundo muy blando, el tercero no demasiado suave, el cuarto no tenia flor, pero en cuanto al quinto, él estaba perfecto. La pequeñita rana olio el perfume embriagador de la gran flor blanca y finalmente cansada se durmió. ¡Qué lindo que es una pequeña rana sobre un nenúfar!
Pero cuando ella se despertó, ya era el crepúsculo, estaba mucho más fresco y de repente la pequeña rana se sintió muy sola. Ella comprendió entonces que estaba bien lejos de las orillas del charco.
« ¿Y ahora como voy a hacer para volver al borde del charco? » suspiro la ranita.


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